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JRMora humor gráfico diario
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4/6/09

Aventuras de Motomán: La búsqueda imposible

CAPITULO VIII
(La búsqueda imposible)


Cuando finalmente la encontraron se hallaba interrogando a una dependienta de “Furest”, que acababa de incorporarse a su trabajo después del descanso para el almuerzo. La observaba con cara de incredulidad, sobre si había visto a su hijo de unos siete años jugar por las proximidades, ya que no había regresado a casa a merendar.
- Este niño es un demonio, me va a matar a disgustos-, Exclamaba.
Tras lo cual procedió a dar a la perpleja dependienta toda suerte de detalles sobre la ropa que vestía el niño.
Así fue como Don Cucufate –su hijo-, y Montserrat –su hija política-, es decir la esposa de Don Cucufate, finalmente la encontraron después de más de una hora de dar vueltas por el barrio y recorrer los lugares a donde acostumbraba a ir cada vez que se perdía.
El estado de mamá requería plantearse en serio que no debían dejarla salir a pasear sola. La demencia senil había llegado a un punto que debía estar siempre vigilada.
Cuando finalmente llegaron a casa y Don Cucufate pudo regresar al negocio familiar –un colmado de productos selectos en la parte alta de la ciudad-, Montserrat decidió dedicarse a buscar al médico ese que según repetía incansablemente su suegra desde que la metieron en el coche tras localizarla, le había salvado la vida.
Así que tomó el listín telefónico y lo abrió por la G de Galeno, Hipócrates Galeno, decía la señora que ponía en la plaquita de la bata. No encontró ningún nombre ni siquiera parecido, pero su suegra no dejaba de insistir, de modo que se ocurrió buscar por la H de Hipócrates. No era la primera vez que Marteta, su suegra, confundía cosas.
Por Hipócrates no aparecía ningún apellido, pero sus ojos parecían verlo en algún lugar de la lista, de modo que siguió la columna y allí estaba. Vaya confusión la de su suegra.
Anotó: “Hipono Usart, Galégrates”, y dos números de siete cifras, uno precedido entre paréntesis de la frase “Domicilio particular”, y el otro de la palabra “Hospital”. Después, marcó el segundo.
Al Dr. Galégrates Hipono se le acabó pronto su sueño de obtener el Nóbel de medicina, resulta que la cruda realidad era que al hospital se le había perdido un accidentado terminal, si es que no era ya un cadáver. Y ese era un tema muy peliagudo.
El órgano de dirección del patronato que regía el hospital había decidido dar unas vacaciones al Dr. Hipono –para quitarlo de en medio y alejar la posibilidad de que la prensa tuviera noticia-, y contratar los servicios de un detective para que investigara porqué el Dr. Hipono estaba la tarde anterior salvando ancianas de ser atropelladas, mientras al mismo tiempo estaba reunido en el despacho del inspector jefe por causa de un ingresado que no estaba ingresado.
Aquella había sido una mañana prolija en decisiones tajantes para el patronato.
Para Motomán y sus mascotas, tan solo la primera mañana de sus nuevas vidas.

Continuará...

2/5/09

AVENTURAS DE MOTOMAN: EL MUNDO EMPIEZA A ENTERARSE

CAPITULO VII
(El mundo empieza a enterarse)
Gramoz Pashko, siguió durante todo el viaje peleándose con sus mocos, el potente sistema de refrigeración en cabina de su Man TGX 540 con cambio “TipMatic” y las temperaturas de primeros de agosto en la meseta central del Reino Borboneante, resultaron un cóctel letal para sus pituitarias. Llevaba gastados 98 € en “Kleenex” cuando tras atravesar el puente de Monina acompañaba a los guardias del prushit(*) en la inspección de la carga.
Después de una hora de concienzuda revisión del vehículo y carga le devolvieron los documentos debidamente sellados, dejándole el paso franco. Ya podía poner rumbo hacia Rinas.
Como siempre que regresaba a casa, su mente andaba entretenida en la diferencia que suponía rodar por las magníficas autopistas de Centroeuropa, o por las mal asfaltadas, estrechas y caóticas carreteras secundarias de Albania. De todos modos era igual, como en casa en ninguna parte.
Tan solo le faltaban cinco o seis horas, contando el tiempo de la descarga. Para, por fin, poderse curar de golpe la molesta moquera. Se iba a zumbar una botella entera de raki (*) en cuanto traspasara la puerta de su chabola, pero ahora lo más importante era llenar el estómago, desde las ocho de la mañana no había tomado nada y si no se apresuraba, cuando llegara al Xibraku, restaurante donde siempre se detenía al regreso de sus viajes, ya no le servirían.
Diez minutos antes de cerrar la cocina, Gramoz, estaba sentado a la mesa y esperaba el “fërgesë” con pimientos. Abrió el Veriu Observer por la primera página, y la foto, y más tarde el titular y la crónica de la noticia lo dejaron helado.
No había en la noticia nada que pareciera indicar que había sido él el causante de aquel desastre, de modo que hizo de tripas corazón y siguió ojeando el periódico con aparente tranquilidad.
En la página siete, en el apartado “Cosas curiosas en el Mundo”, el encabezamiento de una de las telegráficas noticias que conformaban la sección, volvió a llamar su atención.

- Anciana da un salto prodigioso y se salva de un atropell-
Reino Borboneante: Según Reuters Group plc, y confirmado por fuentes fiables, una anciana de ochenta y dos años con obesidad mórbida da un salto espectacular de cinco metros de altura según afirman diversos testimonios, para evitar ser arrollada por una moto.

*Prusit = puesto fronterizo.
*Raki= bebida destilada típica.
Continuará...

29/3/09

AVENTURAS DE MOTOMAN: EL REENCUENTRO

CAPITULO VI (El reencuentro)

Ernesto Carlos Quijano era un triunfador nato, la vida le sonreía permanentemente, no podía quejarse de su carrera profesional -era un alto ejecutivo de una multinacional petrolera- , caía bien a las mujeres, a todas, tenia amarrado un lujoso yate de 21 metros en el náutico de Barcena, un Swan 46 MK II con una magnífica cubierta de teca, en Puerto Banús. Era alto y bien plantado y tenía la labia de un porteño con clase. Pero había una cosa, solo una, que le amargaba la vida y que era incapaz de corregir; los veintiocho años de matrimonio con Martina.
Así cuando está le gritó:
- ¡Che boludo!, mové la colita y bajá al boliiiiche.
A pesar de no haber hecho mención a su orto y las variadas cosas que iba a meterle por él, como era usual si no lo hacía inmediatamente, salió escopeteado hacia la puerta, no sin antes tomar al vuelo su billetero Montblanc, de piel de ornitorrinco, que como siempre descansaba sobre la mesita del hall.
Después de pulsar varias veces seguidas el botón de llamada del ascensor sin éxito, bajó las escaleras de dos en dos, sin saludar al conserje y a paso ligero, muy ligero. Atravesó el portal y giró a la derecha con el firme propósito de superar los escasos cincuenta metros que lo separaban del bar “Manolo el Gallego”, en el mínimo tiempo posible. Acuciado por la prisa a causa del terror que le producía que Martina pensara que se había entretenido innecesariamente, no reparó en el perro que sentado en el escalón del portal le seguía con la mirada, y tampoco notó el sutil pinchazo en la nuca.
Lucero y Zzzzsssst, habían decidido dirigirse hacia el domicilio de los señores de Quijano, después de que el propio Lucero quedara suspendido del aire y comprobar que lo podía hacer a voluntad, cuando el Land Rover 109 corto de cabina independiente pasó a toda mecha por uno de esos obstáculos que, con objeto de reducir la velocidad, el ayuntamiento había puesto de moda.
Ernesto Carlos fue aminorando el paso y en el instante en que iba a empujar la puerta del bar tomó una decisión incomprensible y en cierto modo, heroica; dio la vuelta y deshizo el camino. La zorra de su mujer iba a saber de una vez por todas quién era él.
Zzzzsssst había decidido saciar su apetito y de paso hacerle un favor al pobre hombre. Jacin con tres bolsas del Corte Inglés en la mano, vestido con gorra roja y chándal Adidas de color negro con dos rayas blancas verticales recorriendo las perneras –pero nuevo de trinca-, apareció por la esquina. Al verlo Lucero y Zzzzsssst, corrieron..., volaron hacia él.
continuará...

1/3/09

AVENTURAS DE MOTOMAN: NUEVA PERSONALIDAD

CAPÍTULO V - (La nueva personalidad)

Todo el personal que había tenido que ver con el accidente se hallaba reunido en el despacho del inspector-jefe que en ese momento marcaba el número de su superior jerárquico para traspasarle el marrón.
Galécrates, a pesar de los apretones de estómago que padecía y del lío que se había montado con el ingreso de un código azul (*), que tenía que ser dado de alta ya que su estado era inmejorable tan solo tres minutos después del ingreso. Se dedicaba a dejar volar su imaginación pensando que a pesar de todo no estaba mal, era el éxito profesional más grande de su carrera, un caso como aquel; politraumatismos múltiples con parada cardiaca, pérdida de masa encefálica y coma presuntamente irreversible, que además estaba certificado por el informe de pre-ingreso facilitado por los sanitarios de la ambulancia, nunca nadie lo había resuelto en tan solo tres minutos. Mira por donde aún podía hacerse famoso, y quién sabe; optar al Nóbel.
En cualquier caso el hambre lo torturaba, la reunión tenía pinta de no tener fin, y su Bentley Mark IV, marcaba ya las cinco y cinco.
Una hora y media antes, cansado ya de esperar sentado en la mesa de operaciones del quirófano de urgencias, Jacin tomó una decisión, y vestido de verde con un fonendoscopio colgado al cuello salió tan tranquilo por la puerta principal.
Quería llegar cuanto antes y quería caminar rápido, pero se veía obligado a contenerse, no acertaba a comprender del todo que estaba pasando. Cada vez que intentaba acelerar el paso recorría treinta o cuarenta metros sin esfuerzo, aún no se hacía con sus nuevos poderes.
Súbitamente sus oídos percibieron el primer siseo que producen unas Galfer cuando se están acercando al disco, impulsadas por la presión descontrolada que se ejerce en la maneta del freno cuando por causa del pánico esta es accionada.
Doce milésimas de segundo más tarde había acomodado a la viejecita, aún temblorosa, en una silla de la terraza de la cafetería “El Canari Lila” y se despedía con un apretón de manos del chaval que conducía la Derbi GPR 125 trucada, en medio de un círculo de transeúntes que aplaudían a rabiar.
No estaba mal para ser su primer trabajo, pero debía buscarse una ropa más apropiada, no le gustó nada que la viejecita le dijera; -Gracias doctor-, mientras la depositaba, descendiendo desde arriba, en la silla.
Así que tomó la segunda decisión consciente desde su transformación, y en el tiempo de llenarse los pulmones de aire, paseaba entre multitud de telas y tejidos.
Estaba en la tercera planta del Corte Inglés.

(*)En los hospitales, interruptor que emite una señal electrónica a los integrantes del Equipo de Código Azul, útil para casos de extrema gravedad.

Contiuará...

14/2/09

LAS AVENTURAS DE MOTOMÁN: DESAPARICIÓN DE LA PRUEBA

CAPITULO IV (Desaparición de la prueba)

No era normal y la señora de Quijano empezaba a mostrar signos de inquietud, más bien de cabreo, pasaban veinte minutos de las dos y las pizzas no llegaban. A las cuatro y media había quedado con Piluca, Vero y Blanca -compatriotas suyas-, para la partida de bridge, aún tenia que hacerse las uñas, la toga y pintarse y ni siquiera había empezado a comer. De modo que tomó cartas en el asunto:

- Ernesto Carlos, hacé el favor de ubicar al pizzero. Tenés el número del celular sobre la mesita. Apresuráte.

El señor Quijano, conocedor experimentado –28 años de matrimonio dan para mucho- del grado de enfado de su mujer -por el tono de su voz y por que en esas ocasiones marcaba exageradamente su acento porteño-, localizó el papelito donde estaba anotado el número y marcó.
La ambulancia había quedado aparcada en el arcén a tres o cuatro metros de la grúa –un destartalado Land Rover ciento nueve corto de cabina separada- que vino a recoger lo que quedaba del Scarabeo, de modo que después de asistir al accidentado en el lugar en que lo encontraron, trasladarlo en la camilla hasta el vehículo y acomodarlo, el sanitario jefe se quedó en la parte trasera y Carlitos, el chofer, arrancó el motor e inició la marcha atrás para poder maniobrar esquivando al gruista que andaba trasteando, con las manos llenas de motzzarela y tomate, los restos de lamoto.

- Dos extraños son....los que se miran. Dos extraños son...

Casi inmediatamente Carlitos alargó la mano derecha buscando el móvil de donde procedía la melodía.
Después de recogerlo del suelo, mientras se dirigía hacia el accidentado, en lugar de entregarlo a los Cuadrantes azules, distraídamente, se lo había colocado en el bolsillo del chaleco reflectante, y al subir a la ambulancia lo había dejado en el salpicadero.
Sin dejar de acelerar, marcha atrás, apretó la tecla verde del móvil y se lo acercó a la oreja.

- ¡¿Diga?!

Y lo único que pudo oír fue un tremendo golpe que provenía de la parte trasera de la ambulancia, el teléfono se le escapó de las manos mientras su cogote se hundía en el reposacabezas.
Había destrozado la caja blanca con el lateral trasero derecho del coche, pasando la esquina del mismo por los únicos dos metros en muchos kilómetros en que no había contenerutas.
Eliminada así toda posibilidad de obtener alguna pista sobre la causa de su metamorfosis, Lucero y Zzzzsssst, como movidos por una única voluntad, se dirigieron con gesto cómplice hacía la grúa, dispuestos a subirse a ella en cuanto iniciara la marcha.

Algo les decía que debían hacerlo, para así, poder reunirse con Jacin.

Continuará...

29/1/09

LAS AVENTURAS DE MOTOMÁN: TOMA DE CONCIENCIA

CAPITULO III (La toma de conciencia)
Galécrates miró de reojo el reloj que presidía la salita de la cafetera, la que usaban para tomar un refrigerio en las largas y estresantes guardias nocturnas, dio un último sorbo al cortado ya frío, y cuando se disponía a tirar el vaso de plástico a la papelera, lo oyó. Acababa de entrar una ambulancia en la recepción de urgencias, con la sirena conectada. ¡Joder!, por diez minutos. Pensó para sus adentros. Era la tercera vez que esta semana se veía obligado a alargar su guardia.

Apresurado y con semblante circunspecto salió al encuentro de los asistentes sanitarios, topándose con la camilla que hacían avanzar por el pasillo de los box.
- Informe. Dijo, dirigiéndose al sanitario. - Un motorista, politraumatismos múltiples, ha hecho un paro durante el traslado. Lo veo muy mal, este pringa.
Galécrates, ignorando la frase final, se extrañó de la apacible e inmaculada apariencia que presentaba el semblante del accidentado, pero siguió caminando ligero junto a la camilla, al tiempo que bajo la sábana verde tomó la muñeca del accidentado para comprobar su pulso. Parecía latir acompasadamente. Al llegar al quirófano de urgencias, dos enfermeras los estaban esperando con todo el equipo dispuesto, y una de ellas, la que parecía ser mas veterana, se dispuso a relatar al Dr. Hipono el informe de ingreso al tiempo que Galécrates apartaba la sábana dispuesto a actuar.
Después de tan solo tres minutos de inspección, y mientras el equipo –El Dr. Hipono, las dos enfermeras y los dos sanitarios de la ambulancia, llamados a propósito-, debatía que narices era aquella broma, Jacinto despegó sus párpados, miró a su alrededor y sus ojos fueron a clavarse en la plaquita de plástico que Galécrates lucía prendida de su bata verde.
- Dr. Galécrates Hipono Usart, Traumatólogo. Leyó de corrido mientras empezaba a recordar. Los sanitarios se deshacían en explicaciones sobre el accidente y el estado en que encontraron a Jacin, que estaba tendido en el carril contrario al que circulaba y en una postura imposible. Había recorrido mas de setenta metros, atravesando la mediana de la autopista y el tupido seto de adelfas, sangraba abundantemente por la cabeza...
Jacin, oía las explicaciones e inconscientemente iba asintiendo, pues empezaba a recordar lo ocurrido. Poco a poco fue comprendiendo la situación. No sabía la causa, pero ya empezaba a saberse poseedor de algo especial, de algo único, extraordinario y poderoso, de algo –eso no lo sabía- que iba a ser la peor pesadilla de Pedro Nadetarro y la nefanda DGTR.

Continuará…

17/1/09

LAS AVENTURAS DE MOTOMÁN: MOSQUIMOTO

CAPITULO II (La segunda mascota)

Durante esta época del año, y particularmente durante las horas de más calor, no había manera de distinguir lo comestible de lo que no lo era. La canícula veraniega homogeneizaba la temperatura de todas las cosas, las alimenticias y las otras, de modo que Zzzzsssst, desde el momento en que el sol empezaba a apretar, y hasta bien entrada la tarde se dedicaba a vagabundear sin rumbo, inmerso en pensamientos de tipo filosófico, metafísico, o cualesquiera otros que lo tuvieran entretenido, con el fin de mantenerse ajeno a los requerimientos de su estómago.
En ese momento se entretenía viendo avanzar por delante de él, y a unos tres metros de distancia, un objeto curiosísimo que emitía un zumbido tintineante que se le antojaba simpático y cercano. Desde su posición, unos ciento cincuenta centímetros por encima del objeto, podía distinguir una especie de caja roja acabada en una esfera amarilla de la que salían unos brazos a derecha e izquierda que sujetaban algo. Detrás de la caja, metido en una especie de cesta y asomando la cabeza, había algo que le recordaba un tipo de comida familiar.
Le resultaba familiar porque tenía experiencia en intentar comer cosas como esa. Era muy difícil, a veces se conseguía, pero era muy difícil, había que apartar gran cantidad de hilos malolientes, e incluso competir con otros comensales antes de poder instalar la maquinaria de succión.
Súbitamente el objeto que observaba realizó un quiebro hacia la izquierda, Zzzzsssst, absorto como estaba en sus pensamientos dio un respingo casi reflejo y se vio inmerso en el más salvaje de los huracanes que jamás hubiese podido imaginar, al tiempo que una gigantesca muralla metálica que corría como si la persiguieran mil demonios, tapaba completamente el sol por su costado izquierdo.
Sudó tinta roja maniobrando los flaps y el timón de cola, y le costó horrores mantener el morro alto para evitar entrar en barrena –no era plan acabar como una minúscula mancha que ni siquiera sería roja (no había comido desde ayer), en el asfalto-.
Cuando creyó tener controlado el vuelo y pudo volver a mirar hacia delante para arrumbar, vio reflejada en los ojos del peludo alimento con orejas que viajaba metido en la cesta, una intensa luz, que milésimas de segundo más tarde fue a impactar en sus propios cientos de ojos.
Zzzzsssst, no lo sabía, pero iba a cambiar de nombre.
Había nacido Mosquimoto.

Continuará...

1/1/09

LAS AVENTURAS DE MOTOMÁN: LUCERO

CAPÍTULO I (Un superhéroe en estado embrionario, y el nacimiento de la primera mascota).

Jacinto Están Camino, Jacin para los íntimos (dos, su perro Lucero y el amo del bar Malos Tragos), tenía tan sólo diez minutos para poder realizar la entrega a tiempo y optar a la propina, los señores de Quijano solo se la daban si llegaba en el tiempo previsto. De modo que salió de la ciudad por el arcén de la A-7 a todo gas, a todo el que su trotinado Scarabeo del 90 daba, para hacer luego un giro poco ortodoxo, y poder llegar a tiempo.
Mientras pensaba en como ingeniárselas para cambiar la moto por algo que no amenazara ruina, su fiel amigo Lucero, instalado en la cesta que él mismo había pegado con cinta americana en la parte trasera del baúl de las pizzas, se refrescaba del agobiante calor de aquel día de agosto, mordiendo y deglutiendo el aire. Ninguno de los dos podía imaginarse que aquel día iba a ser el primero de sus nuevas vidas. La moto apenas alcanzaba los 40 kilómetros por hora a pesar del ruido del escape, del cante del pistón y del constante tintineo a que las vibraciones sometían a las piezas desencajadas de chasis y carrocería –que eran todas-.
Jacin vio como lentamente –la velocidad no daba para más- una lata de refresco, seguramente arrojada por algún “pelao” a bordo de un coche tuneado, se acercaba a la rueda delantera de su Scarabeo.
Como tenia tiempo, evaluó sin prisas si la esquivaría por la derecha, o si lo haría por la izquierda. Por la derecha parecía que no tendría suficiente espacio, y si pisaba la lata, con la llanta en forma de símbolo de infinito que llevaba, igual se iba a tomar por culo, por la izquierda tenía más margen. De modo que tomada la decisión y a solo tres o cuatro metros de la lata, dejó de pensar, y sin mirar el retrovisor, que por cierto hacía más de un año se había dejado colgado de un Aston Martin en un semáforo de la Diagonal, tiró del manillar e hizo desplazarse a la moto hacia la izquierda. El conductor del trailer de "Transcontinental Transports", que en ese momento se estaba sonando unos mocos que se resistían a ser evacuados por la fuerza de su lugar de nacimiento, ni siquiera se enteró, y tres días después, ajeno a todo, estaba descargando tapones de corcho para botellas de vodka barata, en Tirana.
La Scarabeo perdió con el impacto una de sus tres dimensiones y quedó estirada sobre uno de sus, ahora, dos lados, adornada con champiñones, motzarela, salami, bacón y alcaparras –jamás había lucido tan bonita-, Jacin, desapareció de la escena y en un primer momento ni siquiera Lucero, que estaba confundido, pero íntegro, lo pudo localizar, ya que en sus retinas, que en el momento del impacto miraban la caja blanca que a unos veinte metros estaba situada al otro lado del contenerutas, aún persistía el fogonazo del flash.
Motocán se empezaba a forjar, y Lucero aún no lo sabía.

22/12/08

LAS AVENTURAS DE MOTOMAN



PRÓLOGO

Todo lo que se va a contar aquí es rigurosamente cierto, pertenece a una realidad soñada y todos sabemos que los sueños se cumplen si se cree en ellos. Como la tarea de Motomán no es fácil, sus aventuras no son cortas, tiene un largo camino de conquistas por delante, así que las entregas se irán haciendo por capítulos a medida que se vayan produciendo los hechos.
Por hoy bastará con el Prólogo.
¡Larga vida a Motomán y sus mascotas!

LAS AVENTURAS DE MOTOMAN

Prólogo y orígenes
Durante el primer decenio del siglo XXI la persecución sobre los buenos fue lentamente haciéndose inexorable, asfixiante. La administración del DGTR (*) y de sus Califatos regionales se fue tornando más oscura y corrupta, primando a los malos, ineficaces y mermados, a costa de la persecución sistemática de los buenos, eficientes y hábiles, por medio de un martilleante, continuo y maquiavélico discurso en el que se difundían mensajes destinados a confundir el sentido común y la prudencia, con moverse patosamente, interferir las trayectorias inteligentes y eficaces y en general molestar al resto de máquinas en traslado.
Al frente del DGTR, el nefando Pedro Nadetarro gozaba del beneplácito de sus superiores y actuaba a sus anchas, como un niño maleducado y consentido al que se le concedieran todos los caprichos. En los Califatos, los Popes federados seguían su ejemplo y maneras. Entre ellos el Jefe de la región Noreste, Joan Saurádanar-jà, que al frente de su ejército de uniformados, los Cuadrantes azules, destacaba por perseguir rastreramente la sonrisa y el beneplácito de su jefe.
Afortunadamente para las buenas gentes, y por causa de la codicia que guiaba al DGTR, uno de los juguetes tragaperras disparadores de rayos con los que ingresaban ingentes cantidades de dinero y de puntos-licencia, fue afinado con la pretensión de hacer trampa, midiendo al alza las relaciones espacio-tiempo, de forma que tuvieran que pagar, incluso, los que no llegaban a las cifras oficiales del consumo de espacio-tiempo, con la buena fortuna que el haz de rayos sufrió una mutación tipo vibro-elipsoide, capaz de mutar los tejidos biocelulares de los entes dotados de vida y capaces de influir en el mecanismo de disparo del tragaperras, o sea, capaces de desplazarse. La venganza a los continuos saqueos de las carteras ajenas, a los accidentes provocados por la desidia en el mantenimiento de las redes viarias, a las muertes y mutilaciones de tripulantes de vehículos birueda debidos a los, deliberadamente, mortales contenerutas, y en fin, a todas las tropelías del DGTR, empezaba a fraguarse.
Estaban a punto de nacer Motomán y sus mascotas justicieras.

(*) Directorio General de Traslaciones del Reino

Continuará...

1/12/08

TRIGONOMETRÍA MOTERA. Parte V (Final)

Se cumplen 36 años desde que las gentes iniciaran la Gran Revuelta para saber que se ocultaba en-El Edificio-.
Recuerdo que semanas después de que las gentes lo asaltaran, mataran a sus guardianes y destituyeran "El Consejo", fui requerido por el nuevo Consejo surgido de la revuelta popular, en mi condición de ingeniero mecánico de prestigio, para dirigir el numeroso grupo de científicos encargados de investigar el funcionamiento y la función del único objeto hallado en el edificio; -LA MÁKINA-, así se le llamó, y esa era la sola cosa que desde tiempo inmemorable se custodiaba allí. Hace ya 16 años que el Consejo lo volvió a sellar y custodiar mediante guardias armados, cansado ya de que no avanzáramos en nuestras investigaciones.
Por nuestra parte, desmontamos y montamos LA MÁKINA de todos los modos posibles, pero nunca conseguimos que hiciera nada, incluso probamos a llenar sus varios depósitos con todo tipo de fluidos conocidos y la expusimos al Sol, nuestra actual fuente energética, durante las cuatro horas que luce cada día, más de 18 días, es decir más un mes de los largos. Durante 20 años, cada día estuvimos trabajando sin avanzar.
Una noche como la de hoy, a esta hora más o menos, la vi por primera vez, y para serte sincero, un detalle en ella removió en mi interior algún antiguo recuerdo, como si mis genes lo supieran, pero mi intelecto lo ignorara. Aún hoy, siento esa sensación cada noche al acostarme.
Se que todo se olvidará, de hecho las gentes ya hace años que no hablan de ello, quizás tendrán que pasar otros 1000 años, no lo sé, por eso quiero hijo que guardes mi memoria y la trasmitas al tuyo con la recomendación que este haga lo propio con el suyo, sospecho que esa es la razón de mis “recuerdos”. La clave, el detalle fundamental, son esa suerte de dibujos o guarismos extraños y antiguos que LA MÁQUINA lleva pintados en una especie de medallas tricolores adosadas a ambos lados de su carcasa. Recuérdalos siempre, hijo, algún día el mundo lo sabrá descifrar, y tengo la total certeza que le será de enorme utilidad.
Mira, se dibujan así: BMW - - K O N I E C


FIN

30/11/08

TRIGONOMETRÍA MOTERA. Parte IV (Post-epílogo)

Hoy, como cada noche al acostarme, han vuelto a mí todos esos pensamientos que desde aquel día no me abandonan. Pero hoy lo han hecho con más intensidad, es un día especial, 25 de diciembre, se cumplen exactamente 36 años desde que todo empezó. Recuerdo con claridad la inquietud entre las gentes, los comentarios susurrados, la excitación en los semblantes, y sobre todo, la firme decisión en las voluntades. Aquel día la Comunidad entera decidió asaltar "El Edificio", penetrar en él y desvelar el misterio. En esas fechas nadie recordaba ya qué se custodiaba allí, ni por qué, El Consejo lo custodiaba. En los 1502 años de existencia de La Comunidad nunca había habido episodios violentos, ni épocas de conflicto.
Desde la Gran Hecatombe, y tras largos años de adaptación de los sobrevivientes, la población de la Tierra consiguió, eso sí, con grandes penalidades y esfuerzos, volver a vertebrar una sociedad modélica, sin guerras, sin conflictos, sin hambre, sin contaminación, con paz y amor. El hecho de perder todos los recursos; culturales, tecnológicos, energéticos, etc., hizo que solo con el conocimiento personal, ya mermado por los largos años de readaptación, la humanidad atravesara un largo desierto, primero de pura supervivencia -muchos no lo superaron-, y después creativo, ya lo sabes, se tuvo que forjar hasta un nuevo lenguaje. Además el hecho de que el cataclismo hiciera perder masa al planeta, e inclinara su eje rotatorio, acortó los días, hizo menos densa la atmósfera y desplazó las tierras polares hacia el nuevo trópico. Por eso somos pocos y vivimos en una mínima parte del planeta, y además nos hemos mezclado entre nosotros y nuestra antropometría es común a todos. Actualmente aún no esta claro cuando sucedió. Se especula que pudo ser entre los años 2050 y 2080 de la antigua era, la llamada D.J.C. Tampoco se conoce el período de tiempo que transcurrió entre la Gran Hecatombe y el año 0 de la Nueva Era, el año de la constitución mundial de La Comunidad. Así que hoy se cumplen esos 36 años desde que se desveló el misterio y La Comunidad conoció la existencia de un objeto de la antigua era, el único existente.

Continuará...

28/11/08

TRIGONOMETRÍA MOTERA. Parte III


Desde hace ya algún…, iba a decir tiempo, no, no es correcto, aquí todo transcurre de un solo tirón, sin pausas, sin referencias de ningún tipo. No se siente nada físico, solo la mente parece ocuparlo todo, serlo todo. Dejadme intentar describir la novedad; parece que “oigo” como un rumor, un siseo como cuando te colocas un vaso en cada oído, a veces incluso se insinúa débilmente algo parecido a una nota musical. También súbitamente creo sentir como si algo acariciara muy tenuemente mi piel, ¿mi piel?
Por momentos tengo la sensación de estar reposando sobre algo, incluso la sensación de ingravidez que me ha acompañado en todo momento desde que pasé la puerta, parece perder intensidad. Es como si un sentido más físico, más palpable fuera poco a poco adueñándose de mi mente. Me siento invadido de sensaciones, no, invadido no, rodeado de nuevas, distintas y, la verdad, lo confieso, añoradas sensaciones.
Creo que todo eso es una señal de que “trabajo” en la dirección adecuada, de que voy por el buen camino en cuanto a mi propósito de regresar. Presiento que me acerco, que ya se están produciendo las combinaciones de pensamiento precisas y adecuadas, y mi predisposición mental para que todo encaje coincida con todo ello, así haré posible que la casualidad combine perfectamente con mi trabajo y me halle en la puerta en el momento exacto en que esta se abra y me permita cruzarla.
Esperad, en este momento “veo” a través de mis párpados, mis párpados… ¿mis párpados?..., veo una luz, blanca, una luz blanca, una luz blanca, ondulante, luz ondulante que llena, no, invade mi cerebro. Un momento. Oigo, sí, sí, oigo…, una voz se mezcla con la ondulan…, con la luz blanca… todo se mezcla, se funde con mis pensamientos…, estoy confuso, ¿mareado?...Distingo un rostro, la silueta de una cara en la luz, entre la luz, no, en medio de la luz… ¿Mateo?...¿Prados?...¿Matías?...¿Como se llama?...el equipo médico…que cumplidos 47 días del accidente…afirma…sin…indicios…síntomas de superar el profundo coma… Y en el ámbito internacional Israel ha…
¡Es la tele!
Estoy en un…. ¡ENFERMERAAAAAA!

EPILOGO
Buenas tardes queridos telespectadores.
Noticias de última hora
Esta misma mañana, 156 días después del misterioso accidente, el portavoz de las autoridades policiales ha manifestado no disponer de ninguna pista fiable sobre el paradero de la motocicleta.
Recuerden ustedes que el único rastro encontrado tras el accidente es el enigmático surco de 186 metros de longitud dejado en el suelo al parecer por algún elemento saliente del vehículo –posiblemente una estribera-. El surco se inicia en medio de la calzada y termina justamente al pié del muro con el que al parecer no llegaron a impactar, ni la motocicleta ni su conductor.
Las esperanzas puestas en la versión de los hechos de su protagonista tras su prodigiosa recuperación, no han hecho más que incrementar la confusión.
La ingente cantidad de datos referentes a velocidades, fechas, ángulos, distancias, etc., que ha aportado, si bien han sido comprobados minuciosamente por los expertos de la policía y sorprendentemente resultan ser ciertos, no aportan ninguna luz con respecto al paradero del vehículo.
Parece haberse esfumado.
Continuará...

26/11/08

TRIGONOMETRÍA MOTERA. Parte II


Estoy cansado y aburrido, aquí solo hay obscuridad. Y lo peor, lo peor es que no existen las intersecciones. No hay ángulos, no hay esferas; de hecho no hay nada, ni siquiera consigo palparme a mí mismo. De modo que hasta dudo de mi propio ser.
Quiero volver, ahora se que nunca debí buscar la salida y perder aquellos siete años. Pero sé también que hubiese llegado aquí de todos modos, y que si no hubiese perdido aquellos años, ahora no sabría como regresar.
Estoy absolutamente seguro de que puedo encontrar la manera, debo esforzarme en utilizar mis conocimientos sobre ángulos y esferas para no volver a perder el tiempo.
Pero, ya lo dije antes, aquí no hay ni ángulos ni esferas, de todos modos creo que no me servirían, como no me sirvieron para llegar aquí, solo la casualidad me trajo. Así que creo conocer, ahora sí, el secreto, la clave. Debo conjurar la casualidad de forma que se vuelvan a dar las condiciones precisas para poder volver a pasar.
Pienso en un calcetín, cuando los usaba la casualidad y mi natural despistado hacía que un día las costuras quedaran en el interior y otro en el exterior. Debe ser eso, la casualidad es como un calcetín, tiene dos caras, pero vemos siempre la una o la otra, nunca las dos a la vez.
Aquí el tiempo está vacío, no existe y eso me permite pensar, solo pensar.
Si cojo un perro y metiéndole la mano por la boca llego a cogerle el rabo, puedo tirar de el y darle la vuelta., como con el calcetín, será un perro, el mismo perro, pero veremos su “otra cara”, la cara oculta, la otra parte.
Ese es el lugar donde yo estoy, “la otra parte”, si consigo darle la vuelta podré regresar.
Me siento en condiciones de afirmar que se “qué hacer”, pero aún no se “como hacerlo”, de modo que creo haber resuelto la mitad de mi problema.
Sigo dándole vueltas y me asaltan algunas dudas; ¿Y si el calcetín y el perro no fueran buenos modelos? Quizás la idea de una cinta a la que hayamos unido sus extremos girando previamente uno de ellos, sea una idea más apropiada. Podemos desplazarnos por la cinta de modo que recorremos ambos lados alternativamente con total solución de continuidad. Estamos dentro o fuera sin brusquedades, sin “darnos cuenta”. Voy a seguir pensando más en ello.
Me asaltan más ideas. El espejo, el espejo también me habla de dos lados. Si normalmente vemos reflejada en su superficie la realidad que nos rodea, es posible que traspasándolo veamos “otra” realidad, al fin y al cabo los espejos no hacen más que producir espejismos, y bien podría ser que la “realidad” que vemos en el espejo no sea más que un espejismo de la realidad que su otra cara oculta.
Allí, cuando buscaba la puerta de salida disponía de objetos, de lugares, de situaciones, en definitiva disponía de “herramientas” para poder trabajar con ellas, aquí solo me tengo yo y ni de eso estoy del todo seguro, de manera que soy consciente de que tengo un problema. Por mucho que piense, y aún por mucho que acierte en lo que pienso, ¿Cómo puedo “materializarlo”?, ¿Qué debo crear? Y sobre todo ¿Con qué lo creo?
También es cierto que todo lo que hice para conseguir pasar no sirvió de hecho para nada, solo la casualidad me hizo pasar. Me convenzo de que la fórmula no esta en crear nada material, solo mi pensamiento, solo mi habilidad para conjugar pensamientos en la forma precisa, en el tiempo exacto y en el modo correcto, harán…, desharán el camino, me retornarán.

Continuará...

24/11/08

TRIGONOMETRÍA MOTERA. Parte I


Es cierto, ahora desde la calma de este lugar lo empiezo a comprender.
Por aquel entonces eran ya muchos los meses transcurridos en los que una única obsesión me asaltaba todas las noches cuando en la soledad de mi cuarto inspeccionaba todos y cada uno de los ángulos. Incluso los más insignificantes.
Durante ese tiempo se fue apoderando de mí la firme convicción que la única escapatoria, la única puerta de salida, tenia que encontrarse en un ángulo, o en una confluencia de ellos.
De rodillas en el suelo o subido a una silla pasaba mis dedos por todos los ángulos de mi habitación, incluso por los ángulos que forman el rodapiés y la pared, o los ángulos del techo.
Sabía, intuía que los ángulos escondían la puerta, el hueco, el paso hacia el otro lado.
Me dediqué con fruición enfermiza a leer todo lo que pude encontrar que hablara de ellos, pronto “De Triangulis omnimodis” o “Epiome in Almagestum” dejaron de tener secretos para mí. Así descubrí casualmente y gracias a Landáburu, la trigonometría esférica y con ello la relación entre ángulos y círculos. Eso me dio nuevas pistas y amplió mis obsesiones, ya no sólo observaba y repasaba con mis dedos todo objeto con formas angulares que se me presentaba, también los esféricos recababan mi atención, incluso las más disparatas combinaciones entre los unos y los otros me tenían obsesionado.
En cierta ocasión dispuse dentro del globo de una lámpara un viejo cartabón de madera de 10 centímetros recuperado de entre los objetos de mi época de escolar. Lo coloqué plano en el fondo de la esfera, procurando con sumo cuidado que sus tres vértices apoyaran en sendos puntos de la misma. Luego subido a un pequeño escabel alcancé la parte superior de la puerta del lavabo, la entreabrí -abría hacia la izquierda- lo suficiente, justo 50º, para poder disponer el globo de cristal de modo que se aguantara apoyado sobre la puerta y recostado sobre la pared. Tardé más de una hora hasta quedar convencido que el lado más largo del cartabón coincidía exactamente con la arista de la puerta de modo que el ángulo que marcaban la puerta y el lado del cartabón con el marco fueran exactamente iguales, al tiempo, que la distancia entre el punto más cercano de la esfera al vértice que formaban la puerta y el marco fuera la misma que la longitud del lado mayor del cartabón.
No podía explicar a nadie mis obsesiones so pena de aparecer ante sus ojos como un loco y eso complicaba en extremo mis experimentos al no poder contar con ayuda.
Tras varios intentos conseguí mi objetivo, y allí, sobre la puerta, como por arte de magia se sostenía el globo con su contenido. Cerré las ventanas y apagué todas las luces. En silencio y con una enorme excitación interior dejé fluir el tiempo.
Nada, amaneció y no había ocurrido nada.
Dediqué varias semanas a mejorar mi experimento. Introduje en la esfera tres compases –el desván aún guardaba una completa caja de ellos-, abiertos de forma que reproducían los ángulos del cartabón, y conseguí que a su vez estos soportaran sobre ellos en precario, pero con suficiente equilibrio, sendas canicas de vidrio cuyo volumen era exactamente 156 veces menor que el del globo. Las mismas veces que era menor la longitud del lado mayor del cartabón que el perímetro de la puerta del lavabo.
Me pasaba el tiempo entrando y saliendo por la ventana del lavabo, lo hacia mediante una escalera situada en el exterior y formando con el suelo un ángulo de 117º, pues en ese lado de la casa la altura hasta la ventana era de 187 centímetros. Cubrí todas las aristas y ángulos de las paredes y techos del lavabo con pelotas de goma que me veía obligado a sobre hinchar con una mancha manual para que su volumen fuese el mismo que el del globo, las aguantaba en su lugar con un listón de madera de los que se utilizan para proteger los cantos de las paredes. Coloqué 46 pelotas.
Durante todo ese tiempo cada noche me entregaba al mismo ritual; cerrar las ventanas y apagar todas las luces.
Cada fracaso me empujaba con más fuerza a un nuevo ensayo, cada ensayo me obligaba a leer y releer textos y tratados. Euler, Regiomontano, Fibovacci, Euclides, Galileo…, se convirtieron en mis maestros.
Senos, cosenos, tangentes, cuadrantes, radianes, funciones. Me resultaban tan familiares que ninguna otra cosa ocupaba mis pensamientos.
Ahora, creedme, me resulta doloroso hablar de esos siete años que pasé prisionero de mi obsesión. Ahora sé que perdí todo ese tiempo inútilmente, se que aunque hubiese vivido mil años dedicados a lo mismo, nunca hubiese descubierto la puerta, la salida.
También se que tenia razón, y que la respuesta está en los ángulos, en las esferas y en las medidas, pero que esta no se puede pretender encontrar a voluntad, simplemente, al margen de tu voluntad, la respuesta te encuentra a ti.
Hastiado de los rotundos y constantes fracasos en mí peculiar búsqueda, decidí olvidarme de todo y dedicarme a una vida más normal, más corriente. Recuperé mis antiguos hábitos, el trabajo, los amigos, el gusto por la comida, el cine, la lectura de entretenimiento…, y la moto, sobre todo, la moto.
Cuarentiseis días después de mi decisión, en una fría mañana de enero, la del día siete, cuando estaba trazando una curva de izquierdas en la A-10 a 156 Km./h y cuando el ángulo de inclinación de la moto era de 50º, el neumático delantero explotó, 187 metros por delante, sin yo saberlo, me esperaba amenazador un muro inclinado 27º con respecto a la vertical, el ángulo justo -117º con respecto al suelo- para permitirme pasar y llegar aquí.
Por fin encontré la puerta.
Continuará...